

Para arrancar el análisis del sector lechero, el consultor Teo Zorraquín pone sobre la mesa el salto devaluatorio sin otras medidas de fondo para le economía, que restan competitividad al negocio de la leche. Eso fue lo que ocurrió luego de las elecciones del 13 de agosto.
Este negocio vende en pesos y más del 60% de sus costos están dolarizados. A la larga el precio se recupera. Pero si el “a la larga” se extiende en el tiempo, las heridas al sistema productivo en la empresa tardan en cerrar. Y esto potenciado por una caída en el precio internacional de la leche que tira más leña al fuego de la rentabilidad.
En julio, el precio de la leche Siglea fue de 106,74 $/litro (1465,10 $/kilo de sólido), lo que representa un aumento inferior al 5% respecto al mes anterior y casi un 112% respecto a un año atrás (menos que la inflación). O sea que el precio perdió el impulso que venía teniendo de al menos intentar acompañar el índice general de precios.
Para agosto no hay claridad sobre cuál será el precio esperado, pero si no está en línea con algo parecido a 115 $/litro la ecuación económica de los tambos mostrará otro escalón de fuerte deterioro. Recordando que, en muchas zonas y en particular en el oeste de la provincia de Buenos Aires, la sequía sigue instalada complicando la producción de verdeos y pasturas y amenazando la fecha de siembra del maíz temprano.
A nivel país, comparando primer semestre de 2023 versus mismo período del 2022, la producción acumulada cayó un 0,4% según el OCLA. Parece poco dada la debacle climática, y eso debe haber sido porque los tamberos han sostenido dietas de las vacas en producción, con el consiguiente aumento de costos por litro o kilo de sólido.
También el OCLA, en conjunto con el INTA, estimó que el precio de equilibrio en junio de este año para no tener rentabilidad negativa era de 129 $/litro, valor que es cerca de un 25% superior al que recibieron los tamberos ese mes. La cuenta es sencilla. En estas crisis este tipo de negocio usa reservas financieras o bien toma créditos para sortear estas contingencias (no es la primera vez que pasa), pero hoy este escenario transcurre con tasas de interés que bordean el 150% anual.
Mientras tanto, el gobierno se queja de los efectos que la sequía produjo en la falta de dólares sin considerar que la producción primaria fue la principal perjudicada. Para cualquiera que entienda este negocio, queda claro que sostener un impuesto a la exportación (retenciones) del 9%, es de una miopía relevante.


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