
Persisten las lluvias y se profundiza el freno a la cosecha en el centro-norte santafesino
RedacciónLas nuevas lluvias registradas en la última semana volvieron a condicionar con fuerza la dinámica productiva en el centro-norte de la provincia de Santa Fe. Según el informe del Sistema de Estimaciones Agrícolas difundido por la Bolsa de Comercio de Santa Fe, correspondiente al período del 8 al 14 de abril, los acumulados oscilaron entre 30 y 170 milímetros, generando un escenario de alta humedad, suelos saturados y caminos rurales intransitables.
En este contexto, la actividad en los campos fue prácticamente nula. Las condiciones ambientales —con elevados porcentajes de humedad, amplitud térmica variable y vientos suaves— ralentizaron primero el accionar de las maquinarias y luego derivaron en una paralización total de las tareas. Solo de manera muy puntual se registraron avances en la cosecha de soja temprana en lotes altos, mientras que el arroz continuó su recolección en sectores con mejores condiciones de piso.
El impacto más evidente se dio en el maíz temprano, cuya cosecha no mostró avances durante toda la semana. Hasta el período anterior, se había logrado recolectar el 75 % del área, con rendimientos dispares según la zona: entre 35 y 75 quintales por hectárea en el norte, de 70 a 100 qq/ha en el centro —con picos de hasta 145— y entre 70 y 110 qq/ha en el sur. Sin embargo, la elevada humedad del grano y la falta de piso impidieron continuar con las labores.
La soja temprana, en tanto, logró retomar su cosecha solo durante un par de días en sectores puntuales de los departamentos San Martín, San Jerónimo y Castellanos. Allí, los rendimientos promedios oscilaron entre 24 y 45 qq/ha. A nivel general, el 95 % de los cultivos se mantiene en estado bueno a muy bueno, aunque persisten focos de preocupación en el norte, donde la irregularidad de las lluvias afectó algunos lotes. En este escenario, se intensificaron los monitoreos ante posibles enfermedades de fin de ciclo.

En el caso del algodón, la situación es aún más compleja. Con una superficie sembrada entre un 22 y un 24 % inferior a la campaña anterior, la actividad fue casi nula y la cosecha permanece estancada en el 15 %. Las precipitaciones no solo retrasaron las labores, sino que además comenzaron a afectar la calidad de la fibra. A esto se suma el impacto del picudo algodonero y los altos costos de control, que en algunos casos derivaron en el abandono de lotes.
El sorgo granífero tampoco escapó a las condiciones adversas. Con una superficie implantada de 120.000 hectáreas —un 10 % menos que el ciclo previo—, la cosecha se encuentra completamente detenida en el centro del área, con rendimientos estimados de entre 40 y 55 qq/ha.
Por su parte, la soja tardía muestra hasta el momento una evolución favorable, con buenos niveles de implantación y desarrollo. No obstante, los excesos hídricos en sectores bajos obligan a mantener un monitoreo constante para prevenir problemas sanitarios. En una línea similar, el maíz tardío presenta un panorama alentador: el 95 % de los lotes se encuentra en estado bueno a muy bueno, favorecido por las lluvias y las condiciones ambientales.
Así, el escenario productivo vuelve a quedar atado a la evolución del clima. Si bien las precipitaciones resultaron clave para sostener el desarrollo de los cultivos tardíos, su persistencia comienza a generar preocupación por el retraso en las cosechas y el posible deterioro en la calidad de los granos, en una campaña que transita su tramo decisivo bajo el signo de la incertidumbre.


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